INTRODUCCIÓN
Holly
ya llevaba unos diez minutos aproximadamente buscando el centro de
investigación donde trabajaba su padre. La muchacha había recorrido todas las
calles de su alrededor pero a pesar de su esfuerzo no conseguía dar con él. La
pobre estaba muy cansada. Se acababa de mudar a Londres junto con su hermana mayor,
Jessica. Jessica la había dejado en la
calle para que fuese a informar a su padre de la llegada, pero con las pocas
indicaciones que le dio la joven no bastaron y se había perdido. La pobre tuvo
tan mala fortuna de dejarse el móvil en el coche donde Jess había ido a la casa
a dejar las maletas.
Al cabo de estar un buen rato más mirando a
los alrededores, decidió que lo mejor sería pedirle a alguien el móvil, o que
le explicara donde estaba el centro. Se puso manos a la obra, y decidió
preguntárselo a una mujer que caminaba despacio. Cuando la mujer cruzó delante
de ella, Holly no habló. Le dio vergüenza. La muchacha se manejaba muy bien con
el inglés, pero lo desconocido la asustó por un instante. Un suspiro se escapo
de entre sus labios, y acto seguido se levanto.
Ésta
vez se dirigió a una joven pelirroja que se hallaba en el banco próximo a la
suya.
—Perdone, —La joven la miró.— me he perdido y necesito llamar a mi
padre. Me podría prestar un segundo su teléfono?
—Lo siento mucho —añadió la joven—. No lo llevo encima, y tengo prisa.
Adiós!
Holly no tuvo tiempo de
responder, para cuando ella había abierto la boca la muchacha se había
esfumado. Suspiró de nuevo, y después se preparó para preguntárselo a alguien
más.
Delante
de ella caminaba un muchacho abrigado que llevaba el teléfono en la mano, así
que decidió que era la persona perfecta. Se acercó tímidamente.
—Hola, siento molestarle, pero me he perdido y necesito ayuda —dijo
Holly mientras se apartaba un mechón rubio que el viento había colocado en su
rostro.
—No pasa nada —dijo el muchacho con una sonrisa en el rostro mientras se
apartaba las gafas—. En qué puedo ayudarla?
—Tengo que ir al trabajo de mi padre, pero con tanta calle me he
perdido. —Otro suspiro salió de su boca,
esta vez más nerviosa.
—Y ¿a dónde tienes que ir? —le respondió con una mirada que hizo que las
piernas de Holly temblaran.
—Pues no lo sé muy bien la verdad.
—No pasa nada. ¿Dónde trabaja tu padre? —El muchacho pasó la mano por su
cabello.
—En un centro de investigación, no sé el nombre, lo siento —respondió
nerviosa.
—Creo que ya se cual dices! Ven conmigo, yo voy a una casa que está
cerca del centro.
El joven comenzó a
caminar con paso ligero, y Holly lo siguió. La muchacha estaba muy nerviosa, y
no llegaba a comprender el por qué. Ella siempre había sido una chica muy
tranquila, pero ese muchacho tenía algo que la alteraba. “Quizá sean sus ojos”
pensó, dado que el joven tenía unos ojos azules que cautivaban a cualquiera.
Entre ellos había un
silencio incomodo, el cual cada uno intentaba aliviar a su manera. Holly
sonreía tímidamente y paseaba la mirada por las calles para fingir que observaba
los alrededores mientras que el joven se reía contagiosamente.
—Y ¿Cómo te llamas? —dijo intentando deshacer ese ambiente incómodo.
—Me llamo Holly. —tímidamente lo miró a los ojos.
—Me gusta mucho, yo soy Niall. Encantado.
—Vaya, es la primera vez que escucho ese nombre —dijo deseando que el
silencio no volviera—. Mira! Ahí está mi padre! Gracias por ayudarme Niall!
—¿La primera vez que lo oyes? ¿No sabes quién soy?
—Ni que fueras famoso! —Holly sonrió. —Eres el muchacho que me ha
salvado de las calles de Londres! Adiós!
Los dos se dedicaron
una sonrisa y cada uno siguió su camino.
El joven estaba extrañado.
No le dio tiempo para preguntarle más cosas. Iba un poco tapado con la
intención de que nadie lo reconociera, pero si alguien lo mirara de cerca se
daría enseguida cuenta de quién era.
La muchacha ocupó los
pensamientos de Niall gran parte del trayecto. Su pelo rubio recogido en una
trenza hacia un lado, sus ojos brillantes…
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